Desde el inicio, la intervención se activó gracias a un aviso telefónico que alertó sobre la presencia del sospechoso en una vivienda de la ribera. De inmediato, móviles policiales se dirigieron al lugar y comenzaron un rastrillaje minucioso. La escena se tornó tensa cuando los efectivos escucharon ruidos de ramas quebrándose cerca de un sauce de gran tamaño, lo que llevó a reforzar la presencia de unidades en el sector.
A medida que avanzaban, los uniformados se encontraron con un entorno hostil: agua turbia hasta la cintura, corrientes que dificultaban la movilidad y abundante vegetación que impedía la visibilidad. Sin embargo, la decisión de ingresar al río fue clave. Allí, entre ramas y hojas, descubrieron al hombre intentando permanecer sumergido para evitar ser visto.
El momento de la captura fue impactante. Los efectivos dieron la voz de alto y lograron que el prófugo emergiera del agua. Vestía ropa sencilla y presentaba escoriaciones en los tobillos, signos de la desesperada maniobra de ocultamiento. Con firmeza, fue conducido hacia una vivienda cercana que había autorizado el ingreso policial, y desde allí se concretó su traslado a la unidad de seguridad.
La coordinación entre distintas dependencias fue fundamental: participaron personal de Criminalística, efectivos de otras comisarías y el Cuerpo de Seguridad Vial. La comunicación con la fiscalía en turno garantizó que la detención se ajustara a lo dispuesto por el Código Procesal Penal, consolidando la legalidad del procedimiento.